¡Ay! Que el chico se nos ha enamorado, os lo digo yo que soy un especie de Cupido, veo el amor a leguas, y todo me hace indicar que nuestro Gordi ha puesto la mirada en nuestra compañera de piso, sin en Adele.
Desde que Adele llegó al piso llegó la calma en todos los sentidos, por fin una compañera de piso como Dios manda, limpia, silenciosa, agradable y muy habladora. Lo tiene todo, creo yo, hasta novio, también os lo digo, que se lo ha traído un fin de semana a casa. Y desde que llegó a nuestro Gordi se le han alterado las endorfinas. Adele siempre se ha comportado como una compañera de piso alegre que te da cháchara en cualquier momento, aunque tú estés medio adormilado haciéndote el desayuno, y pese a eso se agradece, aunque yo para esas cosas sea de carácter bastante desagradable. Gordi está encantado con ello, como es lógico. Así que desde el primer día se han puesto a hablar, y como son más o menos de zonas próximas, han estudiado en el mismo instituto allá en la capital de su provincia, y como la chica es mona, pues, conversación al canto. Han estado horas hablando, y han congeniado muy bien, para qué nos vamos a engañar. A la charla anterior, hay que sumar que en más de una ocasión han visto La Voz juntos y esas cosas unen, que yo os lo digo.
Pues algo ha cambiado en Gordi. Yo lo vengo notando de un tiempo para aquí. Lo he sorprendido en más de una ocasión echándose colonia, una colonia casposa que él utiliza de supermacho, que deja olor por toda la casa. Se ha duchado más de dos días seguidos, y eso sí que es un auténtico milagro. Si si, lo que estáis leyendo, se ha duchado más de dos días seguidos. Yo me preguntaba qué conjunción astral se habría producido en los últimos días más allá de la Vía Láctea, y la única respuesta que se me ocurrió es que el niño se nos había enamorado. Claro que no os penséis que esta higiene personal de dos días tiene su traducción en la limpieza del piso, no, él sigue con sus costumbres arcaicas frente a la taza del wc (léase orinar sin puntería, dejar el té mañanero o dejar la marca también en el wc de aguas mayores ignorando la existencia de una escobilla de wc).
Pero no se queda la cosa en una higiene algo más continuada (que aproximadamente le ha durado tres semanas y ya está), es que Gordi ha recuperado el salón, su salón. Aquel salón que con la niña había perdido la ilusión por ocupar, aquel sofá en el que dormir la siesta con la camiseta subida luciendo tripa. Las cabezaditas que diría él. Porque esa es otra. Han comenzado obras en el edificio, unas obras que dan al patio interior dónde él tiene la ventana. Adele le ha comentado que con el ruido no podría dormir, él, cuál caballero y galán español ha dicho sin inmutarse "¿Yo dormir la siesta? Si no duermo la siesta apenas, una cabezadita como mucho, y en el salón". Cabezadita dice. No es la primera vez que se queda durmiendo toda la tarde, o que incluso se duerme mientras está cocinando. Pero no quiero hacer una crítica al sueño, que también es cierto que él madruga un montón y yo ya no sería capaz. Volvamos al salón, a su recuperación. Con la niña él no lo pisaba, por no encontrarse con ella, se sentía incómodo en su hábitat natural. Ahora ya no, está horas y horas allí tumbado, esperando la llegada de Adele, para darle los buenos días, para colarse con cualquier excusa en su habitación.
Escucha música romántica, así como os lo digo. Mientras cocina me bombardea con todo tipo de pasteladas románticas. Si, chicas, aquí tenéis al prototipo de hombre que buscábais, un Donjuán. Pero este indicio de escuchar cierta música, y de anotar esas letras tan románticas no es lo único que me ha hecho saltar la alarma, por si fuera poco, le hace regalos. Hace un par de días ha estado esperándola para regalarle un bolígrafo del sindicato en el que está anotado pero que cuándo hay huelga general aprovecha para cogerse una baja. Si, le ha regalado un bolígrafo, pero no un bolígrafo cualquiera, que es un bolígrafo con el anagrama del sindicato y que además puede servir para utilizar con una tablet. Es que está en todo, no se le pasa detalle.
Hace tres días incluso llegó a preocuparme. Eran las tres de la tarde y ambos estábamos cocinando, me preguntó si sabía algo de Adele, porque la chica no había levantado las persianas, me preguntó si se habría quedado dormida, y le contesté que no, que esa mañana se había levantado (coincidimos a la misma hora por la mañana), que lo más probable era que se hubiese ido al pueblo después de trabajar. Gordi se quedó con la mosca detrás de la oreja. Cinco minutos después me contestó que la chica se había levantado tan adormilada que se había olvidado de subir las persianas. ¡Le había escrito un whatsapp para salir de dudas!
No sé qué pensaréis, pero yo empiezo a tener esa sensación de ser el tercero en discordia del piso, a sentirme en ocasiones una lámpara o una vela que los ilumine en sus románticas veladas. Románticas según el punto de vista de él, porque la chica ha sido maja desde el principio. Yo ya le hubiera roto el corazón mucho antes.





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