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martes, 24 de septiembre de 2013

El Engreído

Estoy convencido de que me ha mirado un tuerto, lo tengo clarísimo, y tanto que el sábado por la noche me miró un vizco, que yo no tengo nada contra los vizcos, pero sé de buena tinta que me ha mirado. Cuando las cosas no van bien, no van bien, y muestra de ello me ha dado estos días Billy.

A estas alturas de la película no contaba con hacerle un post a Billy, no entraba en mis planes vitales, ni lo había llegado a considerar merecedor de otro post, pero se lo ha ganado, está clarísimo, y no por bien, todo lo contrario. Cosas del alto EGO.

De un tiempo para aquí, nos escribíamos a través del teléfono. Tras la ruptura con D., esto se había intensificado un poco. Un trato correcto, sin pretensión alguna por mi parte más que un poco de cháchara. Ya sabéis que en momentos duros, siempre se necesita alguien a tu lado que te apoye un poco, quién mejor que él, que conocía la historia de D. desde el principio para hacer un poco de oreja y subirme el ánimo. Solo el ánimo, advierto, que luego puede dar lugar a malos entendidos.

Hace unos meses tuvimos una charla en la que llegamos a ponernos de acuerdo en varios puntos, ni él tenía intención de volver jamás conmigo, ni yo tampoco. Concretamente yo lo había descartado totalmente al carecer de las luces suficientes para lo que yo necesito tener al lado, él tendría sus razones, supongo. Otra de las conclusiones fue que tampoco había ya tensión sexual, por mi parte dejé hace mucho de tener ese interés, él parecía que también. Podíamos charlar sin problemas como amigos, sin más pretensiones, por los cauces establecidos, en la distancia, y si se pudiese dar algún encuentro, lo habría sin problema. Vamos, que llegamos a un acuerdo de mínimos sobre lo que debe ser una relación normal entre dos personas, más que nada por evitarnos las broncas cada vez que nos poníamos en contacto, que era algo bastante común, y con D. al lado, más aún, ya os lo digo.

Pues estos días ha estado un poco con la mosca detrás de la oreja. Se extrañó de que en tiempos tuviese que rogarme para tomar un café, y ahora charlásemos casi a diario, me preguntó a qué se debía, y yo le dije, sinceramente, que no tenía a D. y que eso lo notaba, que tenía más tiempo libre y ya no estaba atado a no poder hablarle para que no le pareciese mal al otro. No sé si le convenció o no. Pero fue un poco parco en sus comentarios a partir de ese día. Aprovechaba en ocasiones para contarme hazañas sexuales, sus nuevos gustos. Me ha parecido perfecto que me contase esas cosas, no me quitaron el sueño. Se le escapaban comentarios del tipo "somos amigos", como marcando territorio, demostrando que no éramos nada más, aunque en otras ocasiones aprovechaba para recalcar mis errores en aquello que tuvimos si se le puede llamar relación. Pero ayer, en medio de una conversación de otra cosa, me preguntó si llevaba otras intenciones ocultas que aún no le había comentado. Le dije que no, y también le pregunté si le molestaba que charlásemos, en cuyo caso, vacaciones y problema arreglado. No dijo que si, pero tampoco dijo que no, dijo que tenía la impresión de que buscaba en él algo más. Le conté que era todo mucho más simple, que no lo estaba pasando bien y necesitaba un poco de apoyo, que él por lo que me conoce, por lo que sabe, y por lo que sabemos que no tenemos intención de que suceda, era la persona adecuada para entender un poco mis sentimientos, que me había defraudado un poco al pensar así, aunque no le dije que me había defraudado muchísimo, no le dije que me parecía un engreído, no le dije que no lo aguantaría más de dos horas seguidas, ni que no le veía las luces suficientes para que se me pasase por la cabeza la idea de intentar algo más allá de un poco de charla. Tiempos eran tiempos (otro de los lemas que le gustaba recalcar... que había pasado mucho tiempo). Efectivamente, tiempos eran tiempos.

Le dije que tenía muy claro lo que quería, pero no le dije que tenía muy claro lo que no quería, y no quiero a mi lado a nadie problemático, como me ha ocurrido estos últimos cuatro años, jaleo día si y día también, no le dije que no quería a mi lado a un egocéntrico que solo pensase en si mismo, que también me ha ocurrido, ni le dije que no quería a mi lado a un descerebrado, que no quería a mi lado a alguien engreído, No le dije un montón de cosas porque sería entrar otra vez en la espiral de destrucción mutua que hemos tenido los últimos años y de la que ya estaba cansado. Le dije que no le molestaría más, si es que le molestaba hablar conmigo, que le felicitaría en el cumpleaños y poco más. Su respuesta fue dura e innecesaria, como muchas de sus respuestas "no me gustan los cumpleaños". Y es cierto, siempre ha sido un desmemoriado de los cumpleaños, pero capté el mensaje y estuve llorando un buen rato. A perro flaco todo son pulgas. Al rato me dijo "no es eso", le dije que había llorado y me contestó "yo también lloré en su día" y le pregunté si tenía pensado hacerme pagar por sus lágrimas toda la vida, como si yo no hubiese llorado lo mío por él en su momento. Se hizo el silencio.

domingo, 25 de noviembre de 2012

El cambio necesario

Yo solo digo una cosa, si algo no funciona no hay como deshacerse de ella y cambiarla por una nueva. Y a estas reflexiones he llegado tras notar ciertos cambios en el piso. El fundamental, Gordi apenas sale de su habitación.
 
¿Está enfermo el chico? ¿enamorado quizá? ¿Se ha aburrido del salón? Y es que ha tenido que venirse a vivir al piso una chica para que le pusiese un poco las pilas al chaval. También hay que decir que la niña, que así la llamaremos porque tiene 18 años, tiene mucho carácter, o quizá le fallan las formas, o puede que haya algo ahí que todavía no he podido analizar.
 
El caso es que el pasado fin de semana encontré un pequeño charco en la cocina, al parecer, la lavadora había perdido algo de agua. Al día siguiente volví a ver otro pequeño charco, alguien había puesto la lavadora otra vez y esta perdía agua. Avisé a Gordi de que la lavadora estaba empezando a fallar, y él dijo que seguramente por poner la lavadora medio vacía. Y al día siguiente, otra lavadora, claro que el lavado en esta ocasión era de La Niña, y el que se encontró un gran charco, nuevamente fui yo, pero un pedazo charco. La lavadora permaneció encendida, como en standby toda la noche, y por la mañana, la niña volvió a poner la lavadora, para que terminase de lavar lo del día anterior. Y el charco debió ser inmenso en la cocina, porque vinieron del piso de abajo expresamente para decir que apagásemos la lavadora que se les estaba inundando su cocina.
 
A mi esto me lo contó La Niña, mientras yo cocinaba, ella hablaba con su alto tono de voz, siempre enfadada, y yo pensaba que bueno, que era comprensible cierto mosqueo cuando en 2 días no consigues poner una lavadora, y cuando sacas la ropa está empapada, claro que yo no tengo por qué aguantar la chapa de una niñata que tiene alquilada una habitación. Que le de la paliza a Gordi, pensé. Ahí fue cuando puse la cara de ¡Problemaaaaaaas! Entonces, la niña, en un nuevo ataque de ira contenida, o genio, o carácter o de lo que fuese, empezó a contarme que allí tenía mucha ropa interior y su ropa de hacer deporte, que la necesitaba, e intentó encender de nuevo la lavadora, yo, pendiente de mis croquetas, al escuchar la rueda del programa de la lavadora le dije "¡Qué haces loca, así lo vas a hacer peor! ¿No ves que si la enciendes puedes crearles un problemón a los de abajo y ya no hablamos de una gotera o una lavadora estropeada?". Recapacitó y dejó de intentarlo, aunque siguió dándome la paliza mientras ponía cara de "¿Tan importante es tu ropa?". Le dije que lo que mejor podía hacer era poner la ropa en el tendedero y esperar a que llegase Gordi, contarle lo que había y que solucionase. A los cinco minutos escucho la puerta, llegaba Gordi, y yo sabía que tendría su calvario. No duró en la cocina ni un minuto y salió para avisar al dueño del piso.
 
Desde ese momento casi reina el silencio en el piso. Gordi no ha vuelto a pisar el salón. Me llamó a la puerta de la habitación para que le avisase a La Niña de que habían desatascado las tuberías y que ya se podían utilizar, por si la veía. Ahora Gordi se pasa todo el día fuera de casa, el niño me va a coger el frío, cuando llega casi se encierra en su habitación, ya no es aquel Gordi que dormía en el salón con la barriga al aire, o roncaba como un serrucho en su siesta con la puerta de la habitación casi abierta de par en par. Gordi teme a la niña. Fijáos si la teme, que en el último puente que tuvimos en Madrid, le dije que aprovechase para montar una fiesta, y él me contestó "si hombre, con La Niña por aquí, como para montar algo". A-C-O-J-O-N-A-D-I-T-O  me lo tiene al pobre. Ya os contaré si continúa la escalada de violencia, pero todo parece que no ha hecho más que comenzar.
 
Ya lo último es que aunque La Niña y yo pensamos que es más económico para todos es que el dueño del piso cambie ya de lavadora, por una lavadora que consuma mucha menos agua, mucha menos electricidad y que tampoco están tan caras. Que Gordi ahorraría más, y se evitaría un dolor de cabeza que jamás ha tenido. Pues el dueño ha enviado a un técnico para que vea la lavadora, y un fontanero para desatascar aquello. Nada, que el buen señor disponga y que haga números, pero yo creo que solamente decir "fontanero" y las piernas tienen que empezarte a temblar ante la temible factura.

sábado, 24 de noviembre de 2012

No puedo con... Ego Ego Ego

Claro, esto os lo digo yo en confianza porque es mi blog, y aunque no me guste hablar de mi vida privada, ni de política, solamente puedo desde aquí expresar mis sentimientos, ocurrencias, conocimientos (que son muchos), pero me resultaría muy dificil hablaros de otras cosas que no sean desde mi punto de vista, por lo tanto los blog son un claro ejemplo de Ego Ego Ego, yo publico lo que yo quiero, para contar lo que a mi me apetece de lo que a mi me gusta hablar, porque yo, yo yo...
 
Así ve el mundo un Ego Ego Ego
Y no os penséis que yo soy un puto ego ego ego. Todo lo contario, tengo unos pabellones auditivos geniales para escuchar la vida y problemas de los demás, para, en algunos casos, cotillear después, o en otras ocasiones para pensar. Por eso suelo ser una persona ideal para que me cuenten secretos, cotilleos, secretos de estado y demás, porque sé escuchar y también sé aconsejar, siempre desde el punto de vista de un gallego, y ya se sabe como somos los gallegos, que no se sabe si vamos o si venimos, y que no tenemos claro si hace frío o si hace calor.
 
Pues bien, no puedo con los Ego Ego Ego. Escuchar monólogos está muy bien, en El Club de la Comedia. Me gusta conversar, saber todas las penas y alegrías y poder tener yo algún hueco para comentar las mías, si es que fuese necesario, y ser escuchado, claro. Por eso no puedo con los Ego Ego Ego. Porque sabes que cuándo los necesites no los vas a tener nunca porque ellos estarán todavía en su ego ego ego y ni tiempo tendrán para pensar en tu ego ego ego. Así pues, cuando contactas con un Ego Ego Ego, la tienes clara, y eso que son reconocibles al instante, más que nada porque no han pasado ni 5 minutos y ya te sabes toda su vida, y todos sus problemas, y todas sus alegrías y tú en esos 5 minutos solo has podido decir "ah, ¿si? ¿Qué bien, no? ¡Ups, vaya, lo siento!". Efectivamente, no hay nada más allá de su vida, sus disgustos, sus amigos, su trabajo, su casa, su teléfono, su jefe, su ordenador, su vecino del quinto, su parque, su fin de semana, su perro, su salud, su aburrimiento, sus sentimientos. Todo son sus.
 
Para mañana tengo un post sobre cierta polémica. La Niña, mi compañera de piso es un poco Ego Ego Ego, sus bragas, su ropa de deporte, sus estudios, su tiempo. Y eso que no habla mucho, pero por lo poco que hemos hablado ya la he calado. No hay la sufiente confianza pero es clarísimamente una ego ego ego, sería capaz de provocar el hundimiento de su edificio, siempre y cuando "SUS bragas y SU ropa de entrenar" estuviesen a punto para su entrenamiento casi diario. Claro que también es muy SUS SUS SUS porque ella tiene Su sartén, Sus cubiertos, Su cubertería, Su espumadera, Su baño, Su cazuela. Por esto lo digo, hombre, y no es que YO sea muy EGO EGO EGO, pero me toca MIS huevos, porque utiliza una parte de MI nevera, y utiliza MIS platos para usarlo de tapa cuando está calentando agua. ¿Hola?
 
Caris, ya sabéis, no seáis tan egoístas, aprended que en el mundo también existen otras personas, con su corazoncito, sus sentimientos, sus fobias, sus sartenes, sus problemas. En definitiva, que el planeta no se ha creado expresamente para vosotros nada más. ¿Se entiende el mensaje?