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sábado, 21 de septiembre de 2013

El beso

Hubo en España un dúo musical en los años cuarenta y cincuenta formado por Pepe Blanco (no confundir con el ministro socialista absuelto por el caso Campeón) y su pareja artística y en la vida real, Carmen Morell, que tuvo que soportar la diferencia de salario por el machismo de la época y también las infidelidades de su pareja. Estos cantaban una canción que sonó y en ocasiones suena todavía ahora, un clásico de la copla española, "me debes un beso":

Hay... que me debes un beso... No te lo perdono
Me debes un beso... me lo cobraré...
No me exijas eso, que un beso se ofrece
Y si lo merece, te lo brindaré.
Me debes un beso... no puedes negarlo...
Si puedo pagarlo, te lo pagaré...

Así era la letra de esta canción que me ha venido al pensamiento en cuánto fui testigo, una de estas cosas que ves por el balcón e irrefrenablemente te inducen a hacer un post, una historia de un beso, algo aparentemente muy sencillo, para algunos, para otros, una quimera.

Salí yo al balcón, como suele ser habitual a tomar el aire, entre apuntes y esquemas de esta oposición que me está trayendo de cabeza, cuándo se abrió la puerta del edificio de enfrente. De ella salió una pareja, un chico muy mono y una chica guapa a la par que frágil. Advertir que ninguno produjo en mi un deseo irrefrenable de irme a la cama con ellos, pero me parecieron tan tiernos que no pude evitar soltar una lagrimilla. Lo admito, estoy sensible.

Iban a darse de la mano, al menos esa era la intención del chico nada más salir de casa, y sin embargo, llegaron un poco más allá. El chico agarró de la mano a su novia, la giró hacia si y le estampó un beso de película, como los que imitan los niños cuándo se creen que están enamorados. Un beso apasionado, largo, precioso. Me quedé embelesado mirándolos. Se me caía el ojo. Él agarró por la cabeza a la chica en un gesto cariñoso, mientras con la otra mano le acariciaba un brazo. Ella, se dejaba besar, y como en las películas, levantaba su pierna izquierda hacia atrás, ligeramente. Con su mano derecha intentaba apartar al chico. Fue un beso largo, precioso, como ya dije, de película. Ella estaba encantada, se le veía en su cara de enamorada, o no tanto de enamorada, de chica feliz por tener a un hombretón besándola.

Entonces me imaginé yo a mi mismo, en una situación hipotética, siendo besado por la persona a la que quiero, por esa persona que me hace estar tan a gusto, sentirme feliz. Me temblaban las piernas imaginándomelo. Intenté recordarme haciendo algo similar, siendo ese macho alfa que besa a su pareja. Busqué precedentes. Quizá los hubiese en alguna ocasión con mi Angelines, lo que no tengo muy claro quién era en esa ocasión el macho alfa, si ella o yo. Pensé en Billy, y ahí no encontré ninguna situación de beso romántico apasionado. Alguna si, quizá, más preámbulo de sexo que otra cosa, nada tan romántico como esto. Y luego pensé en D., al momento desistí en mi pensamiento, jamás me hubiera dado un beso al salir de casa a cuento de nada. Tampoco me habría dado la mano. Al principio se la habría dado yo, pero... descubrir que algo romántico tu pareja ni se lo plantea, te desmoraliza, y luego dejas de tener esos detalles. 

Tras descartar a mis parejas anteriores, volví a la realidad, ella había conseguido zafarse del chico, y se atusaba el pelo, él se limpiaba ligeramente los labios, recientemente pintados por romántico. El beso había terminado saciando a la pareja de amor, ella satisfecha y contenta con su chico romántico, él seguro de haberle dado a ella lo que no se esperaba y tanto quería. ¿Y yo qué? ¿Cuándo?

jueves, 10 de enero de 2013

Un ataque de pánico

Os había hablado de un post que gustaría a algunos blogueros, por ejemplo a Thiago, al que ahora podéis disfrutar más en Instagram que en la blogosfera, un post sobre mi Angelines, de la que he vuelto a tener noticias. ¡Vaya que si las he tenido!
 
En uno de estos días grises, lluviosos, con frío y viento, lo mejor para subirte el ánimo, es que tu madre te cuente un cotilleo de pueblo, pero no un cotilleo cualquiera,  un cotilleo sobre tu ex, tu ex chica. Un simple ¿Sabes quién se casa? Y tú, que no lo sabes, te anticipas y le das la respuesta. Angelines. No deja de ser una noticia fuerte, yo ya no os digo un mazazo, pero la noticia es fuerte, y luego te la van ampliando con detalles. Bueno, la boda no ha sido una boda por todo lo alto, ya os lo digo, aunque a efectos de este post es un dato meramente anecdótico, en un restaurante céntrico del pueblo, una boda celebrada por un juez que se desplazó al restaurante mismo, en algo sin demasiadas florituras, el traje de novia, bueno, el traje de novia especial y no un traje cualquiera, rojo e incluso a estas alturas podría contar algo sobre el menú, pero sería otro dato irrelevante. Lo importante del post es el momento en que te dan la noticia, dónde lo primero que haces es analizar cómo te sienta ¿un duro golpe? ¿Te alegras? ¿Te echas a llorar en la intimidad? Te haces muchas preguntas y las respondes casi al instante con un simple "bueno, ley de vida".
 
No voy a negar que cuándo me enteré de que iba a ser madre sí fue un golpe, no lo pasé nada bien, te hace replantearte un montón de cosas. Ambos queríamos ser padres, no muy tarde aunque la situación no nos acompañase ni económicamente, ni anímicamente, era un deseo compartido, una posibilidad futura de la que habíamos hablado y ella la estaba haciendo realidad con una persona que conoció cuándo estaba saliendo contigo, un pequeño retoño al que encima puso por nombre Pimpficín. Ahora con lo de la boda ya no. Uno está curado de espanto. Entendí que si se casaba, además de por amor era por poner en una situación más cómoda a su crío en el caso de que pasase cualquier cosa. Entendí que había pasado ya tanto tiempo entre lo nuestro que ahora una noticia así apenas me afectaba, en cualquier momento iba a ocurrir, más tarde o más temprano. La llama que en su momento hubo ha perdido todo el gas posible, la ilusión de antaño desapareció, el cariño, los buenos y malos momentos, todo se ha quedado en algo muy pasado. No, no me ha afectado. ¡La muy hija de puta! Humor aparte, yo tampoco es que le vaya a desear lo mejor, ni lo peor, creo que no le debo desear nada, ni bueno ni malo, o en tal caso, desearle que sea feliz.
 
Claro que, en los pueblos las noticias corren como mechas de explosivos y esa no fue la única noticia que tuve sobre ella. Ya en nochevieja, alguien me dijo "sé un cotilleo, ¿sabes sobre quién?". Al momento le dije "Angelines". Así era, pero no era el mismo cotilleo, en esta ocasión me estaban contando que está nuevamente embarazada. Pronto volví a darle vueltas a la cabeza, en cuestión de segundos, ¿otro duro golpe? ¿Te alegras? ¿Te echas a llorar en la intimidad? Y tuve otra vez una respuesta instantánea, y muy gallega, un simple "bueno carallo bueno". Efectivamente, no me desapareció la sonrisa que tenía en toda la noche, creo que ni me inmuté, no hubo ataque de pánico. Al llegar a casa, sí le di alguna vuelta mental al asunto. ¿Y si hubiese seguido con ella? Bueno, ahora estaría empeñado hasta las orejas, con un crío y otro en camino, y quién sabe si en mente alguno más. Comprendí que aunque eso fuese algo que siempre me había hecho ilusión, todavía no tengo el suficiente sentido común ni de la responsabilidad como para ser padre. Me entró el miedo y finalmente, respiré aliviado. ¡De la que te has librado!

jueves, 10 de marzo de 2011

Cuanto tiempo, cuñado

Disfrutaba yo el domingo de mi afonía como premio a un sábado de frío fiesta de estas que duran horas y horas y poco abrigado, rodeado de algunos amigos cuando de repente una voz gritona de alguien que estaba sentado en el suelo me sorprendió:

- ¡¡Hombre, cuñado, cuanto tiempo!!

Teniendo en cuenta que aquella voz no era de la esposa de mi hermano, ni de ninguna de las hermanas de D., me quedaban pocas posibilidades. La hermana de Angelines. A su lado, su marido, siempre con pinta de quinqui. Y yo me preguntaba, como tanto tiempo después me sigue llamando Pimpfito, y lo que es peor, como me sigue llamando "cuñado".


Y aquí comenzamos una charla de más de veinte minutos, una charla casi unidireccional, porque yo no podía hablar, y en menudo momento. Ahí aguantando el chaparrón, y es que la hermana de Angelines, si puede presumir de algo es de poco tímida y de no callarse casi nunca.

- Pues cuanto tiempo, te veo muy guapo.

Le interrumpo con un gesto de mi mano, y a continuación le hago el otro gesto, el que significaba que yo no podía hablar, que estaba afónico. Como pude sacando un filo hilillo de voz (casi como si de plastilina), le dije que estaba afónico del frío.

- Ya, que fue del frío, si no te conociese pensaría que es cierto, pero a estas alturas que me vas a contar a mi, y es que es normal, estos días de fiesta son matadores. Entonces Pimpfito (si, también me llama por mi nombre con diminutivo), no puedes hablar. Pues ya hacía mucho tiempo que no te veía.

Como pude le conté que estaba en Madrid trabajando, que llevaba aquí dos años, pero tampoco quise explicarle mucho más, no porque me importase, si no porque no podía.

- Oye, Pimpfito, que ya me enteré, que te nos metes a político, que ya he visto tu foto en el periódico, pues me alegro un montón, a ver si conseguimos hacer algo, que este pueblo ya sabemos como funciona, mucho hablar la gente de que se necesita cambiar, pero a la hora de la verdad, los mismos votos de siempre, y los mismos en política, y ya va siendo hora de que pogamos caras nuevas y saquemos proyectos nuevos, y por lo poco que he leído de vosotros, y quienes vais, es un aire totalmente renovado.... bla bla bla.....

En ese momento se me comenzó a nublar la vista, ya perdido entre tantas palabras tan rápidas, tantos conceptos por asimilar en tan poco tiempo, y mientras analizaba en mis oídos la información que llegaba pero que no mencionaba en ningún momento la palabra clave, "Angelines".

- ¿Y los niños que tal? - le dije cuando terminó de hablar de política

- Los niños bien, bueno, ya sabes, están en edades complicadas, uno 16 y el otro 12, así que imagínate, el de 16 explorando unas cosas y el de 12 explorando otras. Pero son buenos chicos, aunque están en esa edad en la que les gusta empezar a salir, sobre todo al mayor, y yo en cierto modo estoy tranquila porque dentro de lo que cabe han salido buenos chicos, otra cosa es que me los perviertan por ahí.....

¿Lo pregunto ya? ¿Espero a que termine su retahíla sobre los niños y las edades complicadas? ¿le hago la pregunta trampa más jodida "¿que tal con tu nuevo cuñado es tan genial como yo o es un auténtico panoli como así parece"? Llega en ese momento el niño pequeño, el de 12 años, mucho más alto que la última vez que lo había visto, con su remolino en el pelo de siempre y su cara de pillo que no podrá cambiar nunca. Se me queda viendo, y abre los ojos como platos.

- Cuanto tiempo, Pimpf. - dice el pequeño O.
- Anda, si te acuerdas no solo de mi, si no de mi nombre. Estás como siempre pero un poco más alto. - respondo, como buenamente puedo.
- Y tú también, como siempre, bueno, lo que si te ha cambiado es la voz un poco - añade O con su sonrisa pícara.
- El pobre, que está afónico - replica la madre

Y tras un rato de charla, les dije que, próximamente nos volveríamos a ver, pero que eso sería ya más cerca de las elecciones, que quizá necesitásemos conocer algunas necesidades de la zona donde viven, y algunas apreciaciones como madre de dos chicos en edades complicadas. Nada más de la charla, en ningún momento salió Angelines, a la que le deben quedar entre dos y tres meses para su parto.

Bicos Ricos