Mostrando entradas con la etiqueta libros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta libros. Mostrar todas las entradas

miércoles, 23 de abril de 2014

Día Internacional del Libro

Me vais a permitir un año más conmemorar con vosotros el día internacional del libro, con un texto de la obra más universal de la literatura española, como es tradición en Pimpfiadas, y en algunos lugares de habla hispana, el recitar parte de "El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha". Yo este año, como sentido homenaje a Gabriel García Márquez podría haberos traído parte de algún texto de sus Cien Años de Soledad, probablemente la novela sudamericana de mayor renombre, pero como ya he dicho, jamás he leído nada de Gabo, y por lo tanto, no me veo con fuerzas para copiar un texto del cuál no sé absolutamente nada. Yo soy muy de Quijote, no en vano es mi libro preferido que ya leí hace unos cuántos años y del que no se me quita ese tono de humor negro que esconde, ni el humor ni todo lo que dice con tan mala leche el escritor ¿alcalaíno? En esta ocasión, el texto es de un capítulo que ya copié el año pasado, pero en su parte final, el capítulo VIII, "Del buen suceso que el valeroso Don Quijote tuvo en la espantable y jamás imaginada aventura de los molinos, con otros sucesos dignos de felice recordación".

"Tornaron a su comenzado camino del puerto Lápice, y a hora de las tres del día le descubrieron.
 
- Aquí -dijo en viéndole Don Quijote- podemos, hermano Sancho Panza, meter las manos hasta los codos en esto que llaman aventuras, mas advierte que, aunque me veas en los mayores peligros del mundo, no has de poner mano a tu espada para defenderme, si ya no vieres que los que me ofenden es canalla y gente baja, que en tal caso bien puedes ayudarme; pero si fueren caballeros, en ninguna manera te es lícito ni concedido por las leyes de caballería que me ayudes, hasta que seas armado caballero.
- Por cierto, señor -respondió Sancho- que vuestra merced será muy bien obedecido en esto, y más que yo de mío me soy pacífico y enemigo de meterme en ruidos y pendencias; bien es verdad que en lo que tocare a defender mi persona no tendré mucha cuenta con esas leyes, pues las divinas y humanas permiten que cada uno se defienda de quien quisiere agraviarle.
- No digo yo menos -respondió Don Quijote-; pero en esto de ayudarme contra caballeros, has de tener a raya tus naturales ímpetus.
- Digo que sí lo haré -respondió Sancho- y que guardaré ese precepto tan bien como el día del domingo.
 
Estando en estas razones, asomaron por el camino dos frailes de la orden de San Benito, caballeros sobre dos dromedarios, que no eran más pequeñas dos mulas en que venían. Traían sus anteojos de camino y sus quitasoles. Detrás de ellos venía un coche con cuatro o cinco de a caballo que les acompañaban, y dos mozos de mulas a pie. Venía en el coche, como después se supo, una señora vizcaína que ia a Sevilla, donde estaba su marido que pasaba a las Indias con muy honroso cargo. No venían los frailes con ella, aunque iban el mismo camino; mas apenas los divisó Don Quijote, cuando dijo a su escudero:
 
- O yo me engaño, o esta ha de ser la más famosa aventura que se haya visto, porque aquellos bultos negros que allí parecen, deben ser, y son sin duda, algunos encantadores que llevan hurtada alguna princesa en aquel coche, y es menester deshacer este tuerto a todo mi poderío.
- Peor será esto que los molinos de viento -dijo Sancho-. Mire señor, que aquellos son frailes de San Benito, y el coche debe de ser de alguna gente pasajera: mire que digo que mire bien lo que hace, no sea el diablo que le engañe.
- Ya te he dicho, Sancho -respondió Don Quijote- que sabes poco de achaques de aventuras: lo que yo digo es verdad, y ahora lo verás.
 
Y diciendo esto se adelantó, y se puso en la mitad del camino por donde los frailes venían, y en llegando tan cerca que a él le pareció que le podían oír lo que dijese, en alta voz dijo:
 
- Gente endiablada y descomunal, dejad luego al punto las altas princesas que en ese coche lleváis forzadas, si no, aparejáos a recibir presta muerte por justo castigo de vuestras malas obras.
 
Detuvieron los frailes las riendas, y quedaron admirados, así de la figura de Don Quijote, como de sus razones; a las cuales respondieron:
 
- Señor caballero, nosotros no somos endiablados ni descomunales, sino dos religiosos de San Benito, que vamos a nuestro camino, y no sabemos si en este coche vienen o no ningunas forzadas princesas.
- Para conmigo no hay palabras blandas, que ya yo os conozco, fementida canalla -dijo Don Quijote.
 
Y sin esperar más respuesta, picó a Rocinante, y la lanza baja arremetió contra el primer fraile con tanta furia y denuedo, que si el fraile no se dejara caer de la mula, él le hiciera venir al suelo mal de su grado, y aun mal ferido si no cayera muerto. El segundo religioso, que vio del modo que trataban a su compañero, puso piernas al castillo de su buena mula, y comenzó a correr por aquella campaña más ligero que el mismo viento. Sancho Panza que vio en el suelo al fraile, apeándose ligeramente de su asno, arremetió a él y le comenzó a quitar los hábitos. Llegaron en esto dos mozos de los frailes, y preguntáronle que por qué le desnudaba. Respondióles Sancho que aquello le tocaba a él legítimamente, como despojos de la batalla que su señor Don Quijote había ganado. Los mozos, que no sabían de burla, ni entendían aquello de despojos ni batallas, viendo que ya Don Quijote estaba desviado de allí, hablando con las que en el coche venían, arremetieron con Sancho, y dieron con él en el suelo; y sin dejarle pelo en las barbas le molieron a coces y le dejaron tendido en el suelo sin aliento ni sentido: y sin detenerse un punto, tornó a subir el fraile, todo temeroso y acobardado y sin color en el rostro y cuando se vio a caballo picó tras su compañero, que un buen espacio de allí le estaba aguardando, y esperando en qué paraba aquel sobresalto; y sin querer aguardar el fin de todo aquel comenzado suceso, siguieron su camino haciéndose más cruces que si llevaran el diablo a las espaldas.
 
Don Quijote estaba, como se ha dicho, hablando con la señora del coche, diciéndole:
 
- La vuestra fermosura, señora mía, puede facer de su persona lo que más le viniera en talante, porque ya la soberbia de vuestros robadores yace por el suelo derribada por este mi fuerte brazo; y porque no penéis por saber el nombre de vuestro libertador, sabed que yo me llamo Don Quijote de la Mancha, caballero andante y aventurero, y cautivo de la sin par y hermosa doña Dulcinea del Toboso; y en pago del beneficio que de mí habéis recibido no quiero otra cosa sino que volváis al Toboso, y que de mi parte os presentéis ante esta señora, y le digáis lo que por vuestra libertad he fecho.
 
Todo esto que Don Quijote decía, escuchaba un escudero de los que el coche acompañaban, que era vizcaíno; el cual, viendo que no quería dejar pasar el coche adelante, sino que decía que luego había de dar la vuelta al Toboso, se fue para Don Quijote, y asiéndole de la lanza le dijo en mala lengua castellana, y peor vizcaína, de esta manera:
 
- Anda, caballero, que mal andes; por el Dios que crióme, que si no dejas coche, así te matas como estás ahí vizcaíno.
 
Entendióle muy bien Don Quijote, y con mucho sosiego le respondió:
 
- Si fueras caballero, como no lo eres, ya yo hubiera castigado tu sandez y atrevimiento, cautiva criatura.
 
A lo cual replicó el vizcaíno:
 
- ¿yo no caballero? juro a Dios tan mientes como cristiano; si lanza arrojas y espada sacas, el agua cuán presto verás que el gato llevas; vizcaíno por tierra, hidalgo por mar, hidalgo por el diablo; y mientes, que mira si otra dices cosa.
- Ahora lo veredes. -dijo Agraves, respondió Don Quijote; y arrojando la lanza en el suelo, sacó su espada y embrazó su rodela, y arremetió al vizcaíno con determinación de quitarle la vida.
 
El vizcaíno, que así le vio venir, aunque quisiera apearse de la mula, que por ser de las malas de alquiler, no había que fiar en ella, no pudo hacer otra cosa sino sacar su espada; pero avínole bien que se halló junto al coche, de donde pudo tomar una almohada que le sirvió de escudo, y luego fueron el uno para el otro, como si fueran dos mortales enemigos. La demás gente quisiera ponerlos en paz; mas no pudo, porque decía el vizcaíno en sus mal trabadas razones, que si no le dejaban acabar su batalla, que él mismo había de matar a su ama y a toda la gente que se lo estorbase. La señora del coche, admirada y temerosa de lo que veía, hizo al cochero que se desviase de allí algún poco, y desde lejos se puso a mirar la rigurosa contienda, en el discurso de la cual dio el vizcaíno una gran cuchillada a Don Quijote encima de un hombro por encima de la rodela, que a dársela sin defensa, le abriera hasta la cintura. Don Quijote, que sintió la pesadumbre de aquel desaforado golpe, dio una gran voz, diciendo:
 
- ¡Oh señora de mi alma, Dulcinea, flor de la fermosura, socorred a este vuestro caballero, que por satisfacer a la vuestra mucha bondad, en este riguroso trance se halla!
 
El decir esto, y el apretar la espada, y el cubrirse bien de su rodela, y el arremeter al vizcaíno, todo fue en un tiempo, llevando determinación de aventurarlo todo a la de un solo golpe. El vizcaíno, que así le vio venir contra él, bien entendió por su denuedo su coraje, y determinó hacer lo mismo que Don Quijote: y así le aguardó bien cubierto de su almohada, sin poder rodear la mula a una ni a otra parte, que ya de puro cansada, y no hecha a semejantes niñerías, no podía dar un paso. Venía, pues, como se ha dicho, Don Quijote contra el cauto vizcaíno con la espada en alto, con determinación de abrirle por medio, y el vizcaíno le aguardaba asimismo, levantada la espada y aforrado con su almohada, y todos los circunstantes estaban temerosos y colgados de lo que había de suceder de aquellos tamaños golpes con que se amenazaban, y la señora del coche y las demás criadas suyas estaban haciendo mil votos y ofrecimientos a todas las imágenes y casas de devoción de España, porque Dios librase a su escudero y a ellas de aquel tan grande peligro en que se hallaban. Pero está el daño de todo esto, que en este punto y término deja el autor de esta historia esta batalla, disculpándose que no halló más escrito destas hazañas de Don Quijote, de las que deja referidas. Bien es verdad que el segundo autor de esta obra no quiso creer que tan curiosa historia estuviese entregada a las leyes del olvido, ni que hubiesen sido tan poco curiosos los ingenios de la Mancha que no tuviesen en sus archivos o en sus escritorios algunos papeles que de este famoso caballero tratasen; y así, con esta imaginación, no se desesperó de hallar el fin de esta apacible historia, el cual, siéndole el cielo favorable, le halló del modo que se contará en el siguiente capítulo."

jueves, 3 de abril de 2014

Historias de Chueca

Llevo unos días muy cultureta, leyéndome todo lo que cae en mis manos, o lo que yo mismo he buscado, también os lo digo, y entre ellos he vuelto a leer un libro gay, Historias de Chueca, de Abel Arana.

Sobre Abel Arana, la información que hay en Internet es que es un comunicador, que ha trabajado como productor de Kylie Minogue, Cher, Santana, Mónica Naranjo o Marta Sánchez, y que en televisión ha participado en algún programa de Cuatro y Telecinco, además de llevar un blog con más de 125.000 visitas diarias, que para Pimpfiadas ya quisiera yo, aunque aquí somos pocos pero muy majos todos, muy buena gente, que no digo que los suyos no lo sean, o que compartamos fanses, que a mi no me importa. Poco más, pero lo que hay en su biografía se puede ver fácilmente en estas Historias de Chueca.

Historias de Chueca cuenta la historia, como Arana dice, de dos maricas provincianas que pretenden triunfar en Madrid, Ale y Miguel, que se conocen al poco de llegar a Madrid y forjan una amistad de por vida. El libro, básicamente cuenta el periplo de Miguel, un chico mono-monísimo, que pretende llegar a convertirse en marica 10, de lo que le acontece con sus pretendientes a hombres de su vida y de alguna peripecia más, hilariante y divertida. Esta es la línea argumental del libro. Yo os voy a ser sincero. Lo he leído porque el libro es muy chiquitín, me lo he leído en una tarde, así que tampoco es que me haya supuesto un esfuerzo sobrehumano, y aparte de engancharme el final de la historia, que ya os lo digo tiene un final feliz, te queda la intriga de qué ocurrirá a los personajes en el futuro, pero poco más.
 
El libro es una sucesión de chistes fáciles (alguno incluso gracioso), muy marica-elitistas, telecinqueo, famoseo casposo, mucha Belén Esteban, Carmina Ordóñez, Marta Sánchez, Mónica Naranjo y Kylie. ¡Si prácticamente ha ignorado a Madonna, esa diosa de los gayers! Eso si, Arana se maneja como pez en el agua en el mundillo musculoca, las maris de gimnasio que se ciclan para estar perfectas. Y no he encontrado nada más en el libro. Se queda tristemente en el final de la primera década de los 2000, y el paso del tiempo se nota, y mucho, chistes que hoy en día no los verían, un libro que envejecerá y que será para los jóvenes lectores de dentro de unas décadas algo sobre la prehistoria de Chueca. También os lo digo, la acción se desarrolla por Chueca, pero podría ser incluso Barcelona, también os lo digo. Los protagonistas, monos, monísimos excepto Ale, que en ocasiones se pone mono monísimo, normalmente cuándo hay algún chulazo al que ligarse, y los novios que se van echando también, muy guapos, claro que es una novela, y aquí los personajes imaginarios son también como uno quiere, como mi Fabián. Bueno, como mi Fabián no, que mi Fabián es la perfección en imaginaciones. Todos tienen unos trabajos geniales, todos manejan pasta, todos tienen pocas luces en general (y debo decir que me parece un auténtico reflejo del ambiente). Las situaciones, esperpénticas en ocasiones, llegan a niveles surrealistas lo que le da al libro ese toque fantástico que tanto me ha recordado en ocasiones al Orgullo Z de Juan Flahn.
 
En definitiva, un libro flojo, o bastante flojo, y que sin embargo, solo por la inercia de saber qué les ocurrirá a unos personajes a los que les coges cariño, me hará estar pendiente de la segunda parte, Historias de Chueca: Más, que ya os anuncio, chuchis, estoy leyendo.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Títeres

Cuando cayó en mis manos Títeres no sabía a que tipo de novela me iba a enfrentar, no sabía nada de su escritora, tenía ante mi un libro de no muchas páginas que yo ignoraba, sería el primer libro lésbico que me iba a leer.

Es un libro muy ágil, demasiado quizá, y te lees su contraportada, el prólogo y las dos primeras páginas. Ya estás enganchado, irremediablemente. Títeres parte de la noticia de la desaparición de un magnate del mundo empresarial y de cómo su hija, una joven ejecutiva recibe la noticia se va adentrando poco a poco en un mundo oscuro de sexo e intrigas familiares. Rozando un lenguaje escandalosamente poético lleno de epítetos y metáforas actuales sigue los pasos de su protagonista, en sus escarceos a los bajos fondos de aquellas ciudades donde va dejando una imagen de femme fatale, seca, arisca y en ocasiones altiva, buscando sexo salvaje, de pago donde no le hagan demasiadas preguntas, dando una imagen de ejecutiva agresiva que se ilusiona en cada una de estas relaciones que se va encontrado motivada por cierta dependencia afectiva consecuencia de los fríos planes de su padre, Alex a la hora de educarla y convertir su vida y la de su hermano gemelo en una auténtica competición por la búsqueda de un digno sucesor al frente de su imperio.

Títeres es una historia de historias entrelazadas que desembocan en un final donde se comprueba como todos los personajes son marionetas, movidas por unos hilos invisibles. En la mayoría de los casos estos hilos son el poder, el dinero, en otros, los recuerdos, el cariño o la búsqueda de ser uno mismo. Odio e independencia, necesidad y lujuria son términos que se abrazan por momentos.

Mónica Martín gana con tan solo doce años su primer premio de poesía y pronto le siguen varios premios con relatos cortos en la localidad donde reside, Alcalá de Henares. Publica en 2006 su primera novela Sin Control y colabora en la obra El espejo de los deseos de relatos cortos, y le seguirán Visibilidad o Grandes Éxitos y Pequeños Fracasos. Mónica endulza su obra con un lenguaje claro y directo, actual que bien podría ser válido en poesía moderna rama en la que quizá en un futuro nos de muchas más gratas sorpresas dominando el verdadero significado y sentido de las palabras que utiliza.

Títeres se ha presentado el pasado día 9 en la librería Berkana y está publicado por la editorial Stonewall.

P.D.: ¿A qué da gusto como leo? ¿A que os encanta tener un compañero bloguero tan tan gafapasta y tan cultureta?

sábado, 24 de septiembre de 2011

Mikaël

Me he ventilado en un tiempo considerable Mikaël, obra del autor danés Herman Bang. Mikaël (1906) podría ser considerada como la primera o una de las primeras novelas homosexuales de la historia, pero desde ya advierto, aquí no todo es lo que parece, y no me refiero a la imagen que tiene la portada de Mikaël.

Mikaël es un joven aprendiz del ya maduro pintor Claude Zoret a quien éste reconoce como "hijo adoptivo". Una relación entre un joven al que le gusta demasiado la vida de lujos y excesos parisina de finales del siglo XIX y un pintor con aires de grandeza y genialidad, una genialidad que siempre le fue puesta en entredicho. La princesa Zamikof acude a Zoret para que éste le haga un retrato que el artista es casi incapaz de realizar, aunque la verdadera intención de la aristócrata no es otra que hacerse con la fortuna de Zoret. Visto que con el pintor no lo consigue atrapa en sus redes a Mikaël. Mikaël pronto comenzará a apartarse del que fue su tutor, mentor, mecenas, padre adoptivo y en definitiva, la persona que se lo ha dado todo, su amor incluido. Mikaël vende una obra que le regaló el pintor y más adelante unos bocetos que éste guardaba. Zoret comienza a ser consciente de que está perdiendo a Mikaël y cae en una especie de locura transitoria que no hace más que devolverle la genialidad de otros tiempos. Sin tiempo apenas para disfrutar de su nuevo momento de gloria cae enfermo. En su lecho de muerte solicita ver a Mikaël pero el joven ya no está para el pintor.

La importancia de esta novela está en que fue llevada al cine en dos ocasiones, ambas en cine mudo, allá por 1916 y 1924. Está ambientada en el mundo aristocrático parisino, entre pintores, escritores, críticos de arte, princesas, ministros, condes y demás ralea y tienes que leerla teniendo en mente las películas mudas porque es complicada de leer, por simple en la mayoría de sus páginas, simple, demasiado simple y muy "rococó". Es difícil meterse dentro de la historia, y yo solo he encontrado una frase inteligente en toda la novela "veía aumentado como aquel que ve a través de las lágrimas". Pero la mayor parte de la obra se la pasa diciendo lo pálidos que son los rostros de los personajes y como estos se "llenan de rubor" o "se tiñó de colorado" o "sus mejillas enrojecieron". También te imaginas a un Mikaël al que le faltan un par de veranos, no en vano es muy común leer "el joven estaba apoyado en la barandilla con la mirada perdida" o "Mikaël veía hacia el infinito sin escuchar a su maestro". Todo muy romántico, muy propio de finales del XIX.

Es una novela homosexual, si, aunque podría no serlo pues trata de forma muy fina el tema al tratarlo de "hijo adoptivo", como hacían en la antigua Roma. Sin embargo, lo que es totalmente cierto es que es una novela de amor, un amor desmedido del maestro hacia el aprendiz pese a que éste le haya abandonado por una mujer. Un joven Mikaël enamorado perdidamente de una belleza rusa por la que también pierde la cabeza. Charles Switt, uno de los personajes que rodean a Zoret también siente auténtico amor por el maestro Zoret. Narra también alguna aventura de algún aristócrata que ve como pierde a su mujer en manos de otro de estos pijos redomados que se paseaban por Versalles. Y quizá no es tanto amor, si no una de las claves que menciona cuando llevas muy avanzada la novela, NECESIDAD. Esa es quizá otra de las claves del libro, una dualidad amor-necesidad difícil de llevar. Por lo tanto, cuando uno piensa en las relaciones en la novela puede pensarse que en lugar de amor hay necesidad.

Ya sabéis, podéis adentraros en la novela clásica gay con este libro que publica la editorial Egales y que podeis encontrar en la librería Berkana, y si, también se puede hacer una compra online.

lunes, 2 de mayo de 2011

Yestergay

Siguiendo el consejo de Adrianos, estos días me he leído Yestergay, el Premio Odisea de 2003, escrito por el periodista y escritor granadíno, Miguel Fernández.

Si os pensábais que los libros gay solo hablan de desamores, chaperos, el mundo de las drogas, sexo apasionado, pues acertais, en Yestergay se habla de algunas de estas cosas, bueno, en realidad se habla solo de desamor, el de Patricio Población cuando le abandona su novio Jorge. Claro que la novela es mucho más que eso, es realmente una novela negra con muchas dosis de humor y mala leche, que, al ser granadino el escritor, presupongo que es algo de malafollá.

Patricio Población es un protagonista totalmente distinto a lo visto nunca, no es un muchacho de facciones dóciles, con un cuerpo de escándalo, no. Patricio Población es un antihéroe, gordo, cincuentón y maloliente. Y no digo obeso, ni ancho de hueso o con tiroides, directamente gordo, con problemas de acidez de estómago y un trabajo que lo degrada totalmente como persona. Su chico Jorge le abandona, así comienza el libro, pero esto será parte de una trama que, solamente al final se resolverá.

Acompañando a Patricio Población, en esta ciudad de provincias donde se desarrolla la acción, están la Filo, el Matías, María Fernanda la Jerezana, Jacinta, Amparo o el comisario Sopeña. Esta novela te va sumergiendo en un ritmo trepidante, tras los extraños acontecimientos que se van desatando y que envuelven a nuestro protagonista y lo van sumiendo en la más triste de sus desventuras y donde al final encajan todas las piezas que van quedando sueltas como si de un puzle se tratase.

Yo si quereis pasar un buen rato con la lectura, y reir, os recomiendo el libro, es muy fácil de leer y así, os podeis adentrar en un disparatado mundo gay de provincias.