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lunes, 21 de abril de 2014

Angelito

Tengo que anunciar que por fin soy tío. Mi hermano, más joven que yo ha tenido en la tarde de ayer un niño, un angelito, así os lo digo, porque por el momento apenas tiene ganas de llorar. Un día antes de cumplirse el tiempo ha venido al mundo A., mi primer sobrino, y se ve que debía estar bien dentro, porque no tenía muchas ganas de salir, era más lo que empujábamos los familiares desde fuera que el propio crío desde dentro. Ha venido muy sano, bien de peso y estatura, y dicen los que lo han visto en directo que es blanco, casi como su padre cuándo nació, y de quién también ha heredado las orejas, la nariz sin embargo es como la de la madre. Del tito Pimpf dicen que ha heredado otras cosas.

Nace como el mejor regalo que mis padres podrían tener en el día que se celebraba su aniversario de bodas, el regalo que esperábamos impacientemente desde hacía semanas y ellos especialmente ilusionados porque por fin serían abuelos. Mi hermano llevaba ya días nervioso, de un lado para otro, pendiente de la madre. Nos ha llamado a todos la atención lo ilusionado que está, y no porque no diesemos ha por hecha esta ilusión, que no hay padre que no la tenga, nos ha sorprendido su decisión y su seriedad, una seriedad que nunca ha tenido, ahora solo esperamos que el pequeño A. le dulcifique un poco el carácter, porque ya os lo digo, mi hermano y yo somos prácticamente antagónicos, física y mentalmente.
 
Pues bien, cuándo media Colombia todavía llora al recientemente desaparecido Gabriel García Márquez, una pequeña familia del interior del país sudamericano celebra también la venida al mundo de otro pequeño colombiano al que le espera toda una vida por delante, le espera un mundo de ilusión, de lágrimas, de risas, de sentimientos, toda una retahíla de aventuras por vivir, sus primeros pasos, las primeras palabras, la guardería, muchas alegrías, algunas despedidas, primeras veces, y que esperamos las vaya descubriendo día a día como una aventura sorprendente. Esperamos pues que la vida lo trate al menos con el mismo mimo con que nosotros lo hemos acogido y que no deje nunca de soñar porque en esto consiste básicamente el secreto de la vida.
  

 
 
¡Bienvenido A.!

sábado, 12 de octubre de 2013

Volver a Galicia ¡Que bonito é!

Si algo similar ya decía la más grande a nivel gallego, la desaparecida Ana Kiro, de la cuál yo siempre me he considerado super-fans y que cantaba:

Vivir en Coruña que bonito é,
andar de parranda e dormir de pé,
e dormir de pé e dormir de pé,
vivir na Coruña que bonito é.

Claro que en la zona sur se animaba más con un cambio de letra, por aquello de la rivalidad de ciudades, y cantaba más aquello de Vivir en Galicia que bonito é. Letra que a muchos de vosotros os sonará, pues tenía toda la razón del mundo la mujer esta.

Así es que me he venido este fin de semana a Galicia, que ya lo necesitaba. Aunque a última hora me ha entrado un halo de arrepentimiento sobre irme o no irme, porque estos últimos días estoy muy a gusto conmigo mismo y con Madrid, qué queréis que os diga. Pero ir a casa a reponer despensa es casi de lo mejor. Tengo que aprovechar el día para múltiples actividades, varias de ellas familiares. El día 12 de octubre en mi casa más o menos se ha celebrado siempre, aunque ha llegado a ser un día triste por los que ya no están en esas fechas, como si fuese navidad, pero en la Hispanidad. También tengo que aprovechar para darle una visita al cementerio. ¡Qué morboso! os estaréis diciendo. Será la primera vez que vaya al pueblo desde que Mari falleciese el pasado 25 de agosto, será sin lugar a dudas un momento duro, porque desde la distancia las cosas se ven de distinta forma, se olvidan más rápido, pero son cosas a las que hay que enfrentarse.

Sobre enfrentarse, me enfrento también a un momento importante. Tras la última semana de vacaciones en que el tema D. quedó en Standby con mis amigos de Galicia, llega el momento de enfrentarme a posibles preguntas de curiosos. ¿Sabes algo de D.? ¿Por qué no sois amiguitos del Facebook? ¿Por qué no es nuestro amiguito del Facebook? ¿Has hablado con él? ¿Estás bien? Si, y estoy seguro de que un par de personas me lo van a preguntar, algunas otras lo sugerirán, y ahí ya me veré yo esquivando el tema, dando una respuesta a la gallega, y es que los gallegos, para dar respuestas de gallegos como nadie en el mundo. Seguramente les responda con un ¿D., quién es D.?

La visita es exprés, llegar, besar el santo y volver que diríamos por aquí. Devoción y pasión por mi pueblo, mi familia y mis amigos con los pocos que pueda disfrutar aunque sea de unas horas. El domingo por la tarde tengo que volverme, el momento duro siempre de los viajes a Galicia. Aunque quizá no sea por mucho tiempo. Las vacaciones están nuevamente ahí, y todavía no sé qué hacer con ellas. ¿Galicia nuevamente? ¿Quedarme en Madrid estudiando? ¿Algún destino exótico? ¿Algún bloguero acogedor?

Sea lo que fuere, espero que vosotros también lo paséis al menos, la mitad de bien que yo, con eso creo que será suficiente.

Bicos Ricos

lunes, 23 de septiembre de 2013

Supernanny

"Se acabaron las rabietas, los enfados y los berrinches". Así reza el eslogan de este programa de entretenimiento del canal Cuatro en el que una psicóloga de niños (o lo que sea) trata de ayudar a unos padres desesperados ante los distintos problemas en la educación de sus hijos. Pues a mi este fin de semana me ha tocado ser una auténtica supernanny. Y cuándo digo esto me refiero sencillamente a que me ha tocado trabajar de niñero, en Madrid, pero en lugar de ser un niño, un joven de 19 años y con mucho peligro.

No seáis mal pensados cuándo digo que he tenido que hacer de niñero de un chico de 19 años, es que se trata de un primo de esa edad que ha venido a pasar el fin de semana a Madrid. Aunque inicialmente no ha venido a dormir a mi casa, porque se queda en casa de una familiar que tenemos en un barrio de la zona norte de la capital. El chico, en su afán por conocer las bondades turísticas de Madrid ha decidido (y así se han dado las circunstancias) que pasarse el sábado conmigo sería buena idea, por mi proximidad al centro de la ciudad. Mi primo es gay. El chico apuntaba maneras desde pequeño, y no hace mucho, por cauces que no contaré por aquí confirmé que era gay. Pero solo a modo de resumen, decir que las noticias vuelan, así me ha llegado esa confirmación, eso, y un poco de I+D, claro, que las lenguas son malas, pero no tanto si no son azuzadas.

Así que, el niño y yo, una noche de sábado solos en Madrid. ¿Qué hacer con él? ¿A dónde llevarlo? ¿Turismo nocturno? Lo invité a cenar en un bar cercano a mi casa, mientras yo maquinaba algo con que tenerlo entretenido. Iríamos a mi casa a beber algo. Lo que es normalmente un autobotellón, solo que esta vez en compañía (y ya no es el primero este mes), y de ahí, a conocer la noche madrileña. Porque está en la edad en la que salir es fundamental para adquirir esas malas costumbres de la vida de los próximos años. ¿A dónde llevarlo? Gay, su primera vez en Madrid, por la noche ¿A Chueca, no? Allá nos fuimos a tomar esos maravillosos (por decirlo de alguna manera) cubatas de litro, a un precio razonable. Su primera impresión al entrar en el barrio fue de estar entrando en territorio comanche, un parque temático de hombres, de hacerle los ojos chirivitas. A los ojos de la gente, la impresión sería un poco distinta, chico mayor con jovencísimo por la calle, pensarían que éramos "tío y sobrino". Las miradas se disparaban, en ambas direcciones, pero sobre todo en la de él. Qué exito, qué salvajes somos los hombres que olemos la carne fresca al instante. Travestis, drags, maricas con pluma, modernas de mierda, musculocas, chicos guapísimos, bollos de todo tipo, abuelos, osos y rumanos robacarteras. Todo para él era novedad. Y no es que fuera su primera vez en el ambiente, el de Galicia lo conoce, pero no tiene nada que ver.

Allí nos encontramos a una conocida del pueblo que me pretende, estuvimos con un amigo mío un rato, y tras un par de vasos decidimos que era buena hora para cambiar de lugar, que no de ambiente. El chico quería discoteca. Así me lo llevé a la OHM. Unas copas más, música, gente de todo tipo, y él encantado, y cada vez más suelto. Allí nos encontramos con un chico de Galicia que ambos conocíamos, yo de vista, él de proposiciones deshonestas. Y en un descuido mío (intencionado o no) llego a la pista de baile y allí me lo encuentro dándose el lote con un tipo, de por lo menos mi edad. Mono, majo pero a fin de cuentas, dándose el lote con mi primo pequeño. Y mi primo pequeño sin cortarse un pelo, no os vayáis a pensar. No tardó en decirme que no se venía a dormir a casa, y ante mi la disyuntiva de ser un primo majo y la responsabilidad de tener al niño a mi cargo. Lo dejé ir que es ya mayor de edad. He sido el primo moderno y comprensivo que él esperaba. Cambié el teléfono con el chico ese y le exijí que a las 12 de la mañana me lo entregase en una boca de metro cercana a mi casa. Y allí aparecieron. Mi primo me saludó con un simple "buenos días, jajaja". Yo apenas había dormido, inquieto por no saber si estaría bien o no, él había dormido menos, aunque por otras razones distintas.

No me hizo falta preguntarle si era gay, él sin cortarse un pelo me lo confirmó de cuerpo presente, nos evitamos el mal trago de preguntas obvias. Él tampoco me preguntó nada a mi, y que piense lo que quiera, esa sigue siendo mi filosofía de vida, aunque haya quién no lo haya querido aceptar. No me gusta hablar de mi vida privada, eso ya lo sabéis los que leéis este blog. Me importaba que pudiese confiar en mi, y creo que lo ha hecho. Lo vi feliz y me hizo feliz, me hizo despejar la mente tras estos días complicados y tras tantas y tantas horas de estudio.
 
Me hizo mucha gracia por la mañana, desayunando cuándo me preguntó si sabía lo que era el Bender, me explicó que era una aplicación de teléfono "en el que la gente según tus gustos sabe más o menos dónde estás para quedar y esas cosas". Me comentó que no le paraba de sonar, por la cantidad de mensajes que le escribía la gente. Me hice el sordo y me acordé de cierta persona que había jugueteado con ella en su momento, aunque a mi no me había dicho nada, probablemente desde noviembre, o antes quizá. Una cosa es que yo sepa o no cuál es la aplicación, y otra que le vaya a decir a mi primo que lo tengo bloqueado en la misma, por prudencia y estas cosas.
 
Me reí mucho con él, y por el camino pensamos qué decirle a nuestra prima sobre la noche anterior. "En tu familia sois todos iguales", me comentó Billy.

viernes, 6 de septiembre de 2013

La Buena Nueva

Ya os lo dije hace unos días, este verano no ha sido solo de malas noticias, aunque haya empezado por ellas, quizá por desprenderme cuánto antes del mal sabor que dejan. Pero de todo lo malo hay siempre un lado positivo, son formas de ver una botella, medio llena o medio vacía, ahí estriba la diferencia entre morir de pena, morir dando pena o vivir, vivir y ser feliz. En esta ocasión os traigo la noticia que a mi más me ha impactado este verano, la más positiva. Y no, no seré tan bicha de decir que lo más positivo que he hecho haya sido que D. haya puesto fin a la relación, que también tiene su lado bueno pues, no hay mal que por bien no venga, dice el sabio refranero español. Hay algo que me ha hecho inmensamente feliz a estas alturas de la vida, voy a ser tío.
 
Tengo un hermano, un Pimpf pequeño, cinco años menor que yo, casado desde hace cinco o seis años con una chica de otro país. Aunque la relación ha atravesado sus más y sus menos a lo largo de este tiempo, parece que la cordura se ha instalado entre ellos, y pese a no ser la pareja perfecta que uno y otro hubiesen soñado, como mandan los cuentos de príncipes y princesas, han decidido, recientemente, que era buen momento, o el momento ideal para traer un retoño los próximos meses. Así pues, cuándo yo tengo treinta y unos cuántos años, voy a estrenarme en mi faceta como tío. Sin tiempo no era. Es algo que me hacía muchísima ilusión.
 
Mi hermano, muy dado al misterio, llamó por teléfono a mi madre, le pidió que fuese a su casa, que tenía algo que contarle. Mi madre, conociéndolo se temía lo peor, y sin embargo volvió de allí con una sonrisa increíble, cuándo ella ya había descartado la posibilidad de ser abuela. Para ella será una situación totalmente nueva, y para mi, una situación muy especial, he tenido que esperar mucho para ser tío. Al poco de conocer la noticia ya me lo dijo a mi, a algunas de mis tías. Y precisamente uno de mis tíos lo primero que me comentó ese día fue "¿Qué se siente con tu edad al sentir lo que yo sentí con 2 años?". Mi tío es mayor que yo dos años, y yo soy el sobrino mayor. Desde luego mi sensación de felicidad es infinitamente superior, y ahora solo cabe esperar que mi cuñada tenga un buen embarazo, sin problemas, que luego, mimos al niño o niña que nazca no le van a faltar, ya os lo digo.
 
Aunque la noticia sea de super felicidad, tampoco puedo dejar de sentirme algo frustrado. Hace tiempo comenté por aquí que uno de mis mayores deseos era ser padre. Desde luego, si mi intención es serlo algún día, voy con muchísimo retraso, hasta el punto que mi madre en ese sentido tiene muy pocas esperanzas puestas en mi. Hace bien, aunque tampoco debiera descartarlo. Lógicamente no me lo puedo tomar como una de mis prioridades, sería absurdo, creo que para ser padre se necesita cierta estabilidad, la emocional, que no la tengo, la pareja, que tampoco la tengo, el dinero, porque aunque digan que los niños vienen con un pan debajo del brazo son un gasto terrible, y los hay que nos mantenemos a duras penas. Pero en absoluto lo descarto, no lo voy a buscar, ni a provocar, pero puede que un día llegue. Por esto aunque la noticia me ha llenado de felicidad también me ha hecho pensar y sentirme un poco mal.
 
Yo por ahora, a centrarme en la criatura que va a venir al mundo en unos meses, pensando ya que cosas comprarle, e ir peleando por ese puesto de padrino que tanto me merezco y que hasta ahora también se me ha negado. Claro que, aunque católico, tampoco me gustaría que bautizasen al niño, estas modernidades, pero esto es ya mucho adelantar.

martes, 27 de agosto de 2013

¿A que si, Madi?

Tras dos años luchando muy duramente contra una enfermedad anteayer le llegó el momento de rendirse definitivamente, o más bien, de ceder el pulso ante ese brutal cáncer de pulmón (y dejémonos de eufemismos sobre una grave enfermedad que tiene un nombre que siega millones de vidas y sobre la que se avanza muy lentamente, mucho más despacio que la destrucción que siembra). Se llamaba Mari, tenía 52 años.
Pimpf pequeño y Mari, escondida
No sabría explicar el grado familiar que me unía a ella, si, realmente una prima de mi padre, ¿Qué me es eso a mi? Poco, pero os aseguro que era mucho más que eso. La prima más cercana, que desde los primeros días me cogió en su regazo. ¿Cómo una tía para mi? Algo así. La que me hacía fotos con su payaso de juguete gigantesco, la que me enseñaba canciones y sobre todo, la que me enseñaba a decir tacos, la que me hacía enfadar para hacerme saltar el genio cuándo no tenía ni tres años. Efectivamente, para su familia yo era el nieto o el hijo que todavía no había llegado, y así pasé gran parte de mi niñez, entre su casa y la mía, vecinos, muchos viernes durmiendo en su casa, muchísimos, jugando en su patio, despertándola por las mañanas, entreteniéndola por las noches, encendiéndome el televisor para que no le diese la paliza, haciéndome desayunos con galletas de avellana, de aquellas que no había en mi casa. Y fue creciendo, se enamoró, se casó, fue haciendo su vida, su propia familia.
No dejó de ser un pilar fundamental en la familia, nunca. La proximidad con la edad de mis padres también hizo que fuese parte de su pandilla. ¿Se puede tener más proximidad con alguien que apenas te es nada? Noches de café, tardes de café, mañanas de café, viajes, compras, largas charlas con mi madre en su coche al que nos llevaba de un lado a otro. Pero quizá lo que más llamase la atención fuese su forma de ser. Cariñosa, si, mucho, aunque no pareciese demostrarlo casi nunca, su genio, sobre todo, su mal genio, su mala hostia como diríamos aquí, gobernando sobre los suyos hasta el último día que fue consciente, cuándo ya su cuerpo no respondía, y ella seguía teniendo esa pizca de mala leche que no dejó de tener en ningún instante, su vocabulario en cuyas frases no faltaba nunca un taco, un insulto hacia alguien. Si, como yo decía, mala, mala hasta el final, y eso era lo que la hacía ser muy fuerte, lo que a todos nos gustaba de ella. Cómo no, de mi pueblo, con un olfato innato para el cotilleo, otro de sus rasgos fundamentales, manejaba más información que un periodista e incluso para sus propias cosas no tenía freno en la lengua. De haber tenido estudios, habría hecho sin lugar a dudas, periodismo. Qué crack, la fuente de información de la familia, el puto CNI. Pero ni la mala hostia puede con un cáncer, ni tan siquiera Mari, ¿A qué si, Madi?
Esta frase, ¿A qué sí, Madi?, se la repetíamos cuándo queríamos que le saltase el genio. Una sobrina suya política se la repetía siempre, una vez la niña se pasó en su casa un par de semanas, ella sin pelos en la lengua nos decía que estaba de la niña hasta el moño, mientras, la niña delante de nosotros jugaba, y a los pocos minutos venía con su repetitivo y cansino ¿A qué si, Madi? y ella le respondía siempre "Si, Paula, Si" con todo su genio.
Pues dos años de lucha contra el cáncer. ¿Para qué? Pues aunque ella no se quiso rendir en ningún momento, al final no era ni la sombra de lo que llegó a ser, una señora, una señora bien. Con buena posición económica, bien pintada siempre, muchas veces de peluquería, de estas personas que tuvieron unos años noventa gloriosos. Su juventud llena de admiradores y sus dos hijos, la chica, la mayor a la que no paraba de echarle broncas y a la que quería con toda el alma, y su pequeño, que eran realmente su vida. Allí estuvieron, hasta el final con ella. La penúltima vez que estuve con ella, en Navidades, avergonzada me decía que ya no tenía pelo, yo quitándole hierro al asunto le dije que no se preocupase, que yo tampoco tenía, pero que a ella le volvería a salir, pero a mi jamás me volvería. Se reía. Hace dos semanas fui a visitarla a su casa, el deterioro en estos últimos meses fue brutal, no era mi Mari, físicamente, nada que ver, y sin embargo, su genio, su genio fue lo que me convenció de que era ella. Me despedí con un beso, y le prometí que la volvería a ver antes de volverme de vacaciones a Madrid. Cuatro días después estaba internada ya en el hospital, con morfina, y en una visita que le hicieron mis padres, en un momento de lucidez, haciendo fuerza para hablar, les preguntó por mi. Me había quedado en casa, a descansar. No la volví a ver, y ya no sé si por miedo a no ver nunca más su genio o por miedo a la muerte.
Me quedo con su imagen a lo largo de toda mi vida y este sentimiento de haber perdido a alguien muy grande y especial.

domingo, 6 de mayo de 2012

Madre no hay más que una

Y yo a la mía me la he encontrado hace un par de horas en el chat del facebook. Así es mi madre de moderna, a la par que clásica.

Y otro año más tendré que felicitarle este día por teléfono, hace ya tres años que no voy en esta fecha, los mismos que tampoco estoy en su cumpleaños. Claro que la echo muchísimo de menos, y por teléofono digamos que tampoco es que sea muy expresiva, lo odia, como yo.

Mi madre no es una madre al uso, es peculiar. No es de abrazos, ni besos, ni de regalos, ni de flores que no sean las de su jardín, Mi madre es una madre tecnológicamente avanzada, ahí está ella con su portátil, sus redes sociales, enganchándome cuando puede, sus juegos, sus películas que se baja, sus blogs y videos de manualidades, sus páginas de recetas para hacer los mejores postres del mundo y no lo digo yo que soy su hijo preferido, lo dice todo el mundo en mi familia, que manos como las de ella muy pocas. Y lo que tiene de avanzada también lo tiene de clásica. No es de grandes lujos, no le gusta presumir, no le gusta salir de casa y mucho menos si no es con mi padre, no va mucho más allá en el pueblo que al supermercado, al chino, al estanco, al mercado. Ni es de estas madres que se pasan la delantera de la chaqueta por encima de la otra. Es de las clásicas que creen en el amor para toda la vida, que un día conoció a mi padre y con él hasta el final de los días, y aunque sea muy refunfuñona con él, no sabría estar sin mi padre.

Mi madre estará ahora terminando de comer, abriendo la nevera y sacando algún postre especial para los invitados, para mi hermano y para mi padre, esperando las visitas del café y presumir de su mano. Claro, luego llegará mi abuela por casa y le darán sus regalos, entonces ella volverá a sacar esos postres de la nevera y mi abuela dirá que están buenísimos, que son los mejores que ha probado nunca, claro que, quizá estén demasiado dulces, quizá empalaguen un poco, quizá los de ella son un pelín mejores. Y entonces empezarán a discutir como solo ellas saben hacer, mi abuela a lo suyo y mi madre llamándole pesada. ¡Ay! Cómo son las mujeres en mi familia. ¡Pedazo madres! ¡madrazas!

Felicidades a todas las madres de los blogosféricos.

sábado, 5 de mayo de 2012

La abu

La abu está de cumpleaños, el mismo día que fallecía Napoleón aunque ciento y pico años después, cuando todavía España vivía en una república y las cosas eran de otra forma. 

Y nació en una casita de campo, allá en mi pueblo, una casa con una buena finca, grandes viñedos y muchas tierras para labrar, sería la mayor de cinco hermanos, y sería la que se quedaría a vivir en aquella casa con su abuela Dolores y el abuelo José. Y llegó la guerra civil que no llegó a estallar en Galicia, si no que se quedó en una sublevación y muchísima represión, eso, y que muchos chicos jóvenes debían partir al frente por el resto de España, pero a ella no le afectó en nada, su vida en el campo alejada a un par de kilómetros del centro, con alimentos abundantes no le hicieron pasar el hambre que pasaron muchos de sus contemporáneos. Tampoco fue al colegio más que los primeros años, lo justo para aprender a leer y escribir. Y poco después se enamoró de mi abuelo, un tipo fuerte aunque flaco que trabajaba en la mar. Se casaron y vivieron en aquella casita con recursos, donde no había hambre, ni luz, ni agua corriente y los establos de la planta baja hacían de desagüe. Tuvieron seis hijos y se mudaron a algo más céntrico, más moderno, a unas viviendas sociales.

Y aquí está ella, cumpliendo 78 años. Yo como cada 5 de mayo la llamo por teléfono, que sé que le hace muchísima ilusión que me acuerde siempre de ella. ¿Cómo no me iba a acordar de ella si es una de las personas que más quiero en este mundo? La felicito y le pregunto que cuántos años son. Todos en la familia fingimos no recordar cuantos años cumple. Y ella con sinceridad en esta ocasión contesta que 78. ¿78 años otra vez? Le respondo yo con guasa. ¿No llevas tres años cumpliendo 78? Ella responde que no, que lo que lleva cumpliendo tres años son los 75. Se hace un mini silencio, ella está esperando que le diga que aparenta tener 75, y yo, que soy su nieto preferido, el mayor, le digo que de 75 nada, que aparenta 70 como mucho. Le encanta. Y es que la abuela nos ha salido presumida, muy presumida, y hay quién en la familia ha heredado esta caraterística, no yo. 

Entonces le pregunto qué qué piensa hacer para celebrar su cumpleaños, que si ha hecho alguna tarta, o si piensa hacer alguna comilona, entonces me dice que no, que ella hoy se va a la peluquería, que es lo que toca que tiene que estar guapa, que al día siguiente tiene una comunión. Charlamos un poco más y me despido de ella hasta la próxima semana, que le iré a hacer una visita y entonces me obligará a comer cualquiera de sus postres, que siempre son los mejores del mundo y que nadie se lo discuta "los de tu madre están muy buenos, pero como los de tu abuela...". Los postres, el actimel, la fruta, la manzana golden, un plato de pasta que le sobró del mediodía, y al final me dirá que soy su nieto preferido, nada que no le haya dicho a sus otros 8 nietos.

¡Ay! Abu, que ganas de darte un beso muy grande la próxima semana, y estar muchos años para desearte un feliz cumpleaños, y no solo eso, si no, llevarlos tan bien.

viernes, 15 de abril de 2011

El tío de las Américas

Llegué anoche a casa con pocas ganas de prepararme la cena, y pendiente de lo que ocurría en el mundo a través de mi facebook, para que me adelantasen alguna novedad política en el pueblo, o que mi madre se preocupase por mi, como hace a diario, y en la bandeja de mensajes había un número 1 en rojo, un mensaje. Pensé que sería de mi D., me equivocaba, pues acababa de hablar con él por teléfono.

Un tal C.A. me escribía unas escuetas palabras "Que gusto encontrarte por aquí, soy C.A. de los familiares argentinos, encantado de estar de nuevo en contacto contigo". Al momento me di cuenta de quien era, el tío de las Américas.

El tío de las Américas llegó a mi vida hace casi diez años, a través de un rudimentario foro en el que yo buscaba información sobre mi primer y extraño apellido por el mundo adelante. Somos pocos y la mayoría nos concentramos en mi pueblo, hay otros que están fuera, pero en ayuntamientos cercanos al mío, provienen de la misma familia, en grados más lejanos, y el mensaje que provenía de Argentina con alguien con un apellido igual provocó en toda la familia, y en aquellos que tenemos este apellido una alegría inusual. Se llamaba C.A., estaba jubilado, tenía un montón de hijos y varios hermanos con el mismo apellido y en sus primeros mensajes me comentó que su padre, había emigrado de muy joven a Argentina, a primeros de siglo, cuando en Galicia no había apenas para comer y cruzar el charco, hacia tierras ricas y prósperas como Argentina eran la solución a los males familiares y a la decadende economía gallega. Las cosas ahora habían cambiado, pero a él ya no le interesaba volver a la tierra de su padre, aspiraba a llevar una jubilación tranquila en su Argentina natal.

Mi abuelo que por aquel entonces vivía todavía, decía que sus recuerdos de sus antecesores eran escasos, pero por lo que le contaban, sus bisabuelos tenían un espectáculo de marionetas que recorrieron España a mediados del siglo XIX, al llegar a mi pueblo decidieron quedarse dos hermanos casándose allí mismo. Uno de esos dos hermanos era el abuelo de mi abuelo, el otro era el abuelo de C.A. cuyo hijo emigró a sudamérica. ¿Un poco lío no? El caso es que por allá tengo un familiar lejano, lejanísimo con el que me he reencontrado ayer por internet, pero esta vez vía facebook.

Nunca había visto ninguna foto de él, hasta ayer que al abrir su perfil me di cuenta, sin lugar a dudas que lo de llevar el mismo apellido es algo que marca genéticamente. Es un fiel reflejo de lo que era mi abuelo, o alguno de sus hermanos, muy parecidos todos, la fisonomía de los ojos, la nariz fina y alargada, y las orejas grandes, no hay lugar a dudas, y así se lo hice saber en mi primer mensaje de recibimiento "Encantado de volverte a ver, por aquí será más sencillo y rápido mantener el contacto. Tengo que decirte una cosa, eres igualito a mi abuelo y a sus hermanos, asombrosamente parecido".

C.A. sueña con Galicia, con un viaje a conocer a sus "primos lejanos" antes de que se le acabe el tiempo, alguno de sus sobrinos ha venido ya a estas tierras, y a mi, por el cariño que nos muestra, me encantaría que conociese el pueblo en el que su abuelo, o bisabuelo titiritero decidió quedarse hace más de cien años.

sábado, 19 de marzo de 2011

En el nombre del padre, y del hijo

Fran llevaba un par de días nervioso, volvería a ver a su padre, Paco, después de seis meses de ausencia, y lo que era mejor, seguramente le traería algo, no lo dudaba, así ocurría un par de veces al año, a lo que había que sumar el día de reyes y su cumpleaños. Eran otros tiempos, y cualquier cosa que le trajese su padre sería una ocasión perfecta para presumir delante de sus amigos. Paco era marinero, y disfrutaba de su familia un mes y se ausentaba seis, recorría medio planeta para llegar al caladero del estrecho de Magallanes, pensaba en su familia en todo momento, con su trabajo podría pagarle a sus hijos, Fran y Roberto unos estudios el día de mañana, y no les faltaba de nada, vivían bien con su sueldo, y lo que más le gustaba era el día que regresaba de alta mar, con regalos para sus chicos y el inmenso abrazo que estos le daban. Traía esta vez en su petate una consola que había comprado para el pequeño en Canarias, y que haría la comunión nada más llegasen a tierra.

Fran iba aquella tarde de viernes al catecismo, cargado con un bocadillo de mortadela y un platano, los llevaba en una bolsa plástica. Preparaba su primera comunión.  "En el nombre del padre, y del hijo y del espíritu santo" repitió aquella tarde al salir de casa mientras se persignaba. "Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo" Y continuó la retahíla de oraciones básicas que solía preguntar siempre el Padre Javier a los chicos cada tarde, a la hora de la merienda.

Aunque era él más jovencito de los niños que hacían la catequesis, sabía que tenía que impresionar al Padre Javier para que le diese el visto bueno y le permitiese hacer la comunión el día de Corpus de aquel año, su madre, Marisa le insistía mucho en que no podía dejar pasar la ocasión, su padre estaría unos días de vacaciones en casa, y debían dejar zanjado el tema de la comunión antes de que pasase dicho mes, por ello le había azuzado sugiriéndole que pensase en aquellos grandes regalos que los amigos y familiares hacían a los niños cuando celebraban la primera comunión, eso si, al Padre Javier no le debía decir nada de esto, al padre Javier tenía que convencerle sabiéndose las oraciones y respondiendo a las preguntas de aquel estropeado catecismo que había heredado de su hermano mayor.
 
Así llego Fran a la catequesis, muy ilusionado, ante la que sería la gran prueba, que le daría el permiso para hacer la comunión y ponerse el traje aquel de marinerito con la cuerda aquella dorada que le habían hecho probar en Novedades Celín, la tienda de ropa más conocida del pueblo. El padre Javier, sonriente, dio una pequeña charla a los chicos antes de hacerles la prueba, mientras les daba alguna que otra colleja, o les acariciaba el pelo. Le llegó el turno a Fran, y a este, le preguntó que le contase lo que él sabía de San José. Fran, tartamudeó inicialmente pues poco o nada se había parado a pensar en San José, ese santo al que la Iglesia ha maltratado tanto. "San José, Saaaaaan Jooooo-seeeeeeé era un judío, creo ¿no?" Se paró un rato a pensar que diría, mientras se le ponía la cara roja como un tomate ante aquella pregunta trampa. Se armó de valor y contestó finalmente "San José, era un judio, que según mi madre era un santo... santo, que se casó con María, ¡la virgen!, y vaya si era santo, que su hijo decía ser hijo de Dios, pues, supongo yo que San José no era su padre, y digo yo que no lo sería, que si voy yo por ahí contando que soy hijo del panadero, y no de Paco Jiménez, cuando venga Paco Jiménez del mar, primero me cruza la cara, y encima me quedo sin mi regalo, y por si fuera poco, me castiga sin hacer la primera comunión, y me quedo sin mis regalos de comunión también. Así que San José, se llevó a Jesús a Egipto en una burra, para que no hubiesen habladurías en Belén, donde montó una carpintería, lo que no sé es si Jesús hizo también la comunión o no, pero seguro que se quedó sin regalo". El padre Javier tenía los ojos como se le ponían al ver aquellas películas de tres rombos que ponían en la televisión los viernes de madrugada, fuera de sus órbitas. Enfadado exclamó: "Yo lo único que sé, señorito Francisco, es que este año usted todavía no hará su primera comunión, primero conozca quien era San José, y después dígale a su madre que venga a verme, que ya hablaremos de su próxima prueba. Por el momento, este año se queda sin regalos".
 
Fran no hizo la comunión aquel Corpus. Su padre llegó a los dos días y le regaló la consola de videojuegos. Cuando se vieron, el padre le dió un gran abrazo y sonriendo le dijo "así que..., del panadero".
 
Sirva de homenaje para aquellos padres, que siéndolo o no, tratan a sus hijos como tales y se desviven por ellos, y sirva también para aquellos padres que, pasándose fuera gran parte de su vida se han perdido disfrutar como crecen sus hijos, o los del panadero.