Supongo que los que me leeis sabeis que la semana pasada he estado con un pie en la tumba, como quien dice, o mejor dicho, tumbado por una otitis externa que vino acompañada de unas anginas inflamadas, un asco, vamos. Pues bien, en mi estado de desesperación, y aprovechando que tengo seguro privado y no tengo que esperar quizá seis meses para que me atienda un especialista de la seguridad social, decidí pedir cita con el Doctor Rino, y que resultó ser la Doctora Rino.
La Doctora Rino, que no deja de ser un doctor orl, como conocemos los catetos a los otorrinolaringólogos, pronto dijo que de otitis externa nada, que eso era una otitis media, en ese momento hinché mi pecho y pensé que soy todo un superviviente de mis propias bacterias auditivas. Pero eso fue solo la conclusión, veamos el proceso en que esta señora llegó a tocarme las narices, literalmente hablando (o escribiendo).
Llegué a un sitio pensando que tenía cita allí, pues la semana anterior, en mi desesperación llamé a varios centros médicos, y no tenía claro si había pedido cita en esa clínica y pregunté en recepción. Tras repetirle varias veces mi apellido, ante la cara de asombro de la recepcionista, y recordarle que no era una cita con el alergólogo, si no con el otorrino, esta me dijo que no estaba citado, me fui y me puse de camino a otra de las clínicas a las que había llamado, no pasaron dos minutos cuando una llamada a mi móvil me dice que estoy citado a las 11 allí donde aquella recepcionista no fue capaz de decirme si tenía la cita o no.
Me senté en la salita de espera y cuando no habían pasado ni cinco minutos llegó mi turno. En la consulta me esperaba una doctora Rino guapa y mulata, a la que le faltaba un merengue sonando de fondo y que parecía como desganada al hablar, pronto me di cuenta que era su actitud caribeña, pero que a la hora de pegarme un repaso, lo hizo, y bien. Le conté mi problema, y se lo tuve que repetir, no sé si porque no le interesaba, o porque estaba pensando en otra cosa aparte de mis anginas y mi otitis hasta ese momento, externa. Pronto me pidió que me sentase en el sillón de los horrores, y con su linterna con forma de embudo exploró mis oídos, y pronto dijo "esto es una otitis media". Me preguntó si fumaba, y le respondí que si, y con cara de pocos amigos me dijo "¿Cuanto sigarrillo al día?", yo, como hablando para el cuello de mi camisa le dije la cantidad. Volvió a ver los oídos. Y ya sacó de una estantería una especie de casco de minero con una bombilla y un tubo muy fino, me vió primero las anginas, y luego dijo que me iba a tocar un poco más las narices, y eso hizo, en una maniobra de lo más desagradable metió el pequeño tubo con luz por mis fosas nasales para adentro, en lo que ella dijo "va a ser algo desagradable, pero te tengo que ver las cuerdas vocales, así que primero di aaaaaaa y respira, y luego di iiiiiiii y respira otra vez". Y Pimpf otra cosa no, pero obediente cuando una pedazo médico que está buenísima que te está hurgando la nariz con una bombilla pues un rato. Un rato de obediente. Y mientras yo me la imaginaba con la lengua de fuera, como haciendo una operación delicada, dice "tienes el tabique nasal desviado, lo que hace que tengas taponada la nariz por el catarro y esto hace que el oído no te ventile lo suficiente". Yastá.
Y ahí vi la luz con la doctora Rino, y entendí todos mis males auditivos, nada de tímpanos perforados (que también aunque mínimamente y lo normal según ella), y comenzó a hacer cienes de anotaciones en el papelito que me dió para que me tomase mi medicación. Añadió, "las anginas, mientras no te impidan muchas veces ir a trabajar y no te provoquen fiebre, procuraremos echarles cuidarlas, y buscar una vacunación antes que una intervención", y ya me empezó a relatar, paso por paso mi medicación: primero terminar con mi tratamiento de anginas, pudiendo compaginar este con lo que ella me iba a recetar, segundo, un protector estomacal, tercero un antiistamínico similar a las pastillas del doctor Andreu para problemas de rinitis, cuarto un antiinflamatorio, pero muy potente, por la cara de susto que se llevó la farmacéutica, y quinto, y no por ello menos importante, un par de lavados nasales a diario, para que el oído respire también como tiene que ser. Y ya está.
Esta mañana me he levantado y he hecho un planning de las pastillas que me tengo que tomar al día y con los días anotados, y con mi zumo me he zampado tres comprimidos de nada y una cápsula, que en lugar de un joven y vigoroso bloguero, parezco más del club de la "ruleta rusa de pastillas con los abuelitos" de Makinavaja. Ahora estoy en el trabajo, escribiendo estas letras, pero creo que algo de efecto empiezan a hacer, las letras comienzan a bailar con sones caribeños, y el muñeco que tengo al lado del monitor me está invitando a bailar una bachata. Yo creo que debo descansar más.
Bicos Ricos