Que no os penséis que estaba el blog abandonado, solamente unas vacaciones en las que he aprovechado para descansar, y para gastar poco, que no están los tiempos para gastos excesivos.
Sin embargo, uno de estos días de vacaciones aproveché para ir al cine, que una vez en la década no hace daño, y me llevé una grata sorpresa, y tan grata, claro que la sorpresa no fue por la película, que sí, que también estuvo bien, y quizá hablemos sobre ello en alguno de estos post de la semana. La sorpresa me la llevé recorriendo un centro comercial muy concurrido de una ciudad gallega, allí estaba él, uno de mis hombres platónicos, y no son pocos.
Yo no sé si en alguna ocasión he hablado sobre este hombre de mi vida pero si no es lo mismo, lo hago ahora. Un chico, joven, no llega a los treinta, moreno, muy moreno, bueno, mulato más bien, bajito y con un cuerpazo, claro, que si uno tiene platónicos no son estos cualesquiera, son siempre lo mejor. Allí estaba él detrás de una barra, con una visera con una M grande arqueada, el símbolo del McDonalds. Pero empecemos la historia desde el principio de los tiempos.
Pimpf, un conocido de la noche gallega, un reputadísimo, guapo y apuesto bloguero tuvo una llamada del cielo coincidiendo con él hace ya unos cuantos años en una discoteca. Te lo encuentras muchas noches, muchas veces con su mejor amigo, sospechas, descubres un fotolog, sospechas más, lo ves acompañado con una chica, te llevas una desilusión. Coincides en más locales, en el bar de tu mejor amiga, descubres que tienes amigos en común, pocos, lo conoces una noche de pasada y no dejas huella, claro, y te vuelves a desilusionar, pero sigues admirándolo. Ves su coche aparcado, te imaginas dónde vive, sabes dónde trabaja, te conviertes en un fans incondicional y compulsivo. Vuelves a coincidir en una discoteca, siempre se coloca dónde tú estás, te vuelves a ilusionar. Te lo imaginas en una playa casi desierta y desnudo, y lo ves, claro que con su novia, pero desnudo. Te vas a vivir a Madrid, y casi le pierdes la vista, casi lo olvidas entre D., Fabián y otras hierbas que se te pasan por la cabeza.
Y allí está él, en un trabajo totalmente distinto al que había desempeñado siempre, un trabajo en el puto McDonalds. Te ve, disimula, se ve incómodo detrás de la barra. Haces cola, te va a tocar él, sí, te va a atender y tú le vas a pedir a tu chico platónico un MacMenú, o lo que sea. La chica obesa que está a su lado, también con visera con una M atiende a unas chicas, también piden un menú de esos, todo primeras calidades, siempre, como reza su publicidad. Es tu turno, y cuando crees que él te va a atender con una sonrisa de oreja a oreja (aunque es muy serio), va y la chica obesa te pregunta qué quieres. Tu gozo en un pozo nuevamente. Pero ahora ya sábes algo más, dónde trabaja, qué se ha quedado sin trabajo y que está allí, en un sitio dónde no se siente cómodo expuesto a fans fatales como yo.
Y claro, llegas a casa, con la ilusión de haber visto esos ojos vidriosos y buscas referencias. Ahí está tu amigo gay que ha trabajado en esa cadena. Se lo describes brevemente y al momento te contesta "sí, lo conozco, está muy bueno aunque no es mi tipo, ni tú el suyo, es hetero". Se crea un silencio mientras preparo mi respuesta del tipo "´qué pena, porque está para comérselo entero" y él antes de que digas nada te responde, quizá consciente de que eres un superfans "Bueno, hetero hetero, no lo sé, aunque tenga novia, ya se sabe". Vuelves a ilusionarte.