No era mi intención hablar hoy sobre ese terremoto en Japón, de 8,9 grados en la escala Richter, que al parecer ha movido en 17 centímetros el eje de la tierra, tumbándolo si cabe un poco más para que luego tengamos unas temperaturas más locas en los veranos y los inviernos, ni de la central de Fukushima, que ha visto a causa del temblor y el posterior tsunami como gran parte de sus reactores se han ido al garete con la posterior preocupación mundial sobre la energía nuclear y viendo como ahora, todo el mundo es experto en fisiones y fusiones nucleares.
Tampoco pretendía hacer un post sobre la entrevista de Ana Pastor a Ahmadineyad con el velo cayéndosele y mostrando su preciosa melena a todos los que pudimos disfrutar una vez más de una entrevista de esta chica que a la hora de preguntar no se corta un pelo, nunca mejor dicho.
Al hablar de este mundo que se mueve, no pretendía hacer mención de las esculturas que han ido cambiando a lo largo y ancho de la capital, según leía hoy en el 20minutos, ni la Mariblanca, ni la estatua de Argüelles, ni la de Colón apuntando con su dedito hacia quien sabe donde, ni de Isabel II, que la descubrí o mejor dicho, redescubrí el pasado viernes en la plaza de Ópera.
Ni pensaba hablar de que Nadal no haya ganado la final ante Djokovic, que a fin de cuentas, era una de las posibilidades, o que en la liga hayan habido movimientos, más en los banquillos que otra cosa, que lo que es la clasificación sigue igual desde hace unos meses, con el actual campeón todavía en lo alto de la clasificación. Efectivamente, donde no se ha movido el mundo ha sido en el resultado entre el Real Madrid y el Atlético de Madrid, que sigue siendo victoria madridista en las quinielas de cualquier avispado, y no tan avispado.
Ni pretendía hablar de los posibles cambios en el eje político no solo español, si no mundial con ese anuncio de que Zapatero, probablemente no se presentará a las elecciones legislativas de 2012 como candidato, para alivio de muchos, y seguramente, para bien de su partido. Tampoco es que me haya parecido el tema del fin de semana.
La noticia más significativa del fin de semana, y que yo apenas he seguido por dedicarme más a otros menesteres ha sido el ataque "aliado" a Libia. No tanto el ataque en si mismo, para hacer respetar la Resolución de la ONU por la cual se establecía en cielo libio una zona de exclusión aérea, además de ser un ataque por defender los derechos humanos en un país lleno de petroleo y capitaneado por Gadafi, otrora máximo representante del mal, otrora un líder de un país petrolífero, nuevo amigo de los grandes países, y ahora, nuevamente, el mayor representante del mal mundial, si no por las posiciones de algunos paises, y la respuesta de Gadafi como gato panza arriba. Eso si, España se ha lanzado a un ataque, que yo no entiendo muy bien, porque siempre se puede colaborar, como ha hecho Italia (otrora amigo inseparable de Gadafi, al que jamás de los jamases iba a atacar) que se ha currado una excepción para cumplir su papel en la OTAN y en su tratado con Libia, solo ponen las bases aéreas. Inglaterra nuevamente se mete en todos los embolados, como Estados Unidos, los primeros porque ellos lo valen, pero los segundos, con reticencias, reticencias probablemente que vienen de esa imagen que saben tienen los estadounidenses de estar metidos en todas las salsas, ejerciendo un papel de gran hegemón que desde hace unos años no tienen. Con un Sarkozy entregado totalemente a la causa aliada, no sabemos si por hacer ocultar esos pequeños secretitos que Gadafi conoce de la financiación de sus campañas electorales. Y con las negativas de Alemania y China a dicho ataque.
Así se ha movido el mundo en apenas unos días, y yo, como diría no sé bien si Groucho Marx, Chaplin en alguna de sus películas mudas, Mafalda o Pablo Moro en una canción suya, ¡Que paren el mundo, que yo me bajo!

















